Hoy traemos a nuestra web un artículo publicado por La Tribuna de España que presenta una información que, sin duda, es relevante y debe ser conocida por la mayor cantidad de personas. La posible connivencia entre determinados políticos y determinados jueces para lograr unos objetivos que alejan la Justicia de aquello para lo que está: el imperio de la Ley.

Viene a explicar lo que podría ser la razón de la existencia de la tristemente famosa “doctrina Botín“, que permitió al fallecido banquero eludir la cárcel por el supuesto delito cometido con las operaciones de “cesión de créditos” puesta en marcha, entre otros Bancos, por el Banco Santander.

Escrito por Don Marcos Larrazábal. Pueden leer algunos más de sus artículos pinchando aquí.

El artículo al que hoy nos referimos, lo pueden leer pinchando aquí.

Lo transcribimos de manera íntegra por la importancia de la información que recoge:

El Santander canceló la deuda de 12 millones de euros al PSOE a cambio de salvar de la cárcel a Emilio Botín por el delito fiscal de las cesiones de crédito.

Las grabaciones de Villarejo parecen confirmar que el PSOE conspiró para dictar la doctrina Botín y salvar al presidente del Santander, Emilio Botín, de la cárcel por el delito fiscal cometido con las cesiones de crédito a cambio de la condonación de la deuda de 2.000 millones de pesetas.

La “doctrina Botín” trae causa de la comercialización llevada a cabo por el Banco de Santander de más de 45.000 operaciones de las conocidas como cesiones de crédito por cuantía superior a los 2.400 millones de euros, entre 1987 y 1991; “producto financiero” que producía la elusión del pago de impuestos a la Hacienda Pública por su opacidad fiscal.

Como consecuencia de dicho fraude fiscal se interpuso una querella por fraude fiscal y falsedad documental contra Emilio Botín, Rodrigo Echenique, Ignacio Uclés y Ricardo Alonso, que ostentaban por entonces los cargos de presidente, consejero delegado, jefe de asesoría jurídica y jefe contable del Santander respectivamente.

El proceso judicial, tras la instrucción por los magistrados Miguel Moreiras y Teresa Palacios, sería enjuiciado por la Sección 1ª de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional sin llegar a celebrarse el juicio al dictarse auto judicial de 20-12-2006 por el magistrado Javier Gómez Bermúdez, por el que se acordó el sobreseimiento libre sin juicio al estimarse la cuestión previa formulada por el Fiscal a la que se adhirió el Abogado del Estado.

La Tribuna de España ha tenido conocimiento, tras la revelación de las grabaciones del comisario Villarejo, de una de las conversaciones de Miguel Sebastián y María Teresa Fernández de la Vega, entonces respectivamente jefe de la oficina económica de Moncloa y vicepresidente del gobierno de Zapatero, con Ignacio Rupérez, por entonces jefe de los servicios de estudios del Banco de Santander.

De la misma se podría concluir la conspiración del gobierno del PSOE para solucionarle a Emilio Botín su problema judicial de las cesiones de crédito y salvarle de ir a la cárcel por delito fiscal.

En la conversación grabada el 4-2-2005 la todavía presidente del Consejo de Estado, Fernández de la Vega, se referiría a la preocupación de Emilio Botín “por su tema”, en referencia a su imputación por fraude fiscal en la causa judicial ante la Audiencia Nacional por las cesiones de crédito, y le manifiesta al jefe de estudios del Santander que su jefe Emilio Botín no debía preocuparse por el tema porque “ya está hablado y no habrá problema”. El jefe de estudios del Banco de Santander contesta a la vicepresidenta “me tranquilizan tus palabras y ahora mismo se las transmito al jefe”.

Tiempo después, ni la Fiscalía ni la Abogacía del Estado acusarían a Emilio Botín por fraude fiscal, pese al perjuicio económico sufrido por las arcas del Erario Público, y solicitarían su libre absolución asumiendo en la causa una ignominiosa postura procesal de defensor del presidente del Santander que le sería afeada por los votos particulares de cinco magistrados del Tribunal Supremo.

“Casualmente”, en el año 2006 el Banco de Santander condonaría la deuda de 12 millones de euros (2.000 millones de las antiguas pesetas) al PSOE.

María Teresa Fernández de la Vega en 1982 fue directora del gabinete del ministro de Justicia Fernando Ledesma, conocido por la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial en 1985 de la que se deriva la politización de la Justicia y todos los problemas del CGPJ y el nombramiento de jueces, problemas que se mantienen actualmente. En 1985 la todavía presidenta del Consejo de Estado fue nombrada directora general del Ministerio de Justicia. Secretaria judicial desde 1974, en 1990 fue nombrada juez por el cuarto turno. Entre 1994 y 1996 fue vocal del CGPJ y secretaria de Estado de Justicia con el ministro Juan Alberto Belloch.

El ministro Rodrigo Rato manifestó en comparecencia parlamentaria cuando se le culpaba de ser el responsable de librar a Emilio Botín de la cárcel por las cesiones de crédito que había sido Fernández de la Vega la artífice de la no acusación de la Fiscalía y de la Abogacía del Estado y que cuando él llegó al gobierno los acuerdos estaban ya adoptados. Estas manifestaciones de Rato parecen ahora ratificadas con las grabaciones que han salido a la luz gracias al comisario Villarejo. Pese a ello, diversas fuentes cuentan que Emilio Botín solicitó a Rodrigo Rato Figaredo, entonces ministro de Economía y Hacienda, el cese del magistrado instructor Miguel Moreiras y el cambio del fiscal del caso. Al poco tiempo, Moreiras sería cesado y el fiscal sería sustituido por Eduardo Fungairiño que retiraría la acusación.

Javier Gómez Bermúdez un juez al servicio del “clan Botín”

Como hemos manifestado anteriormente, sería Javier Gómez Bermúdez el ponente de la resolución de la Audiencia Nacional que consagró la ignominiosa “doctrina Botín”, doctrina jurídica que sería contundentemente criticada por 5 magistrados de la Sala Penal del Tribunal Supremo que formularon sus respectivos votos particulares contrarios a la misma en la sentencia del Tribunal Supremo. Dichos magistrados fueron don José Manuel Maza Martín, don Julián Sánchez Melgar, don Perfecto Andrés Ibáñez, don Miguel Colmenero y Menéndez de Luarca y don Joaquín Delgado García.

Javier Gómez Bermúdez

Especialmente el voto particular de don Perfecto Andrés Ibáñez hizo una crítica feroz de la “doctrina Botín” dejando en evidencia el cambio de postura de la Fiscalía y la actuación de la Abogacía del Estado a la que reprochó que ejerciese de abogado defensor del acusado Emilio Botín y acusó de operar “dentro y en la proximidad del ejecutivo”. El Excmo. Magistrado describe la doctrina Botín como “singular patrón interpretativo”, “sorpresivo radicalismo literalista sin precedentes”, “sorprendente pauta interpretativa”, “lógica superficial”, “peculiar patrón hermenéutico”, “incorrecta y nada rigurosa”.

El voto particular de don Julián Sánchez Melgar, Magistrado del Tribunal Supremo y exfiscal general del Estado, hacía un exhaustivo estudio de la Ley de enjuiciamiento criminal y de la jurisprudencia del Tribunal Supremo para demostrar que la doctrina Botín no se podía sostenerse, chocaba “contra los principios procesales”, iba “en contra de toda nuestra tradición procesal”, era “contraria al espíritu de la norma” y que nunca fue “seguida ni por la jurisprudencia del Tribunal Supremo, ni por la de las audiencias provinciales ni por el Tribunal Constitucional”.

El fiscal Maza se opuso al cambalache para evitar la cárcel de Botín y acabó muerto en circunstancias extrañas

El también magistrado del Tribunal Supremo y ex Fiscal general del Estado ¡otro más fallecido en circunstancias muy similares a las de Emilio Botín! Manuel Maza Martín, calificó la doctrina Botín como “un inexplicable caso más de esquizofrenia procesal”.

Las grabaciones desveladas y los votos particulares de los magistrados del Tribunal Supremo demuestran que la doctrina Botín fue el resultado de una conspiración del gobierno del PSOE para salvar a Emilio Botín de la cárcel por una inexorable condena por delito fiscal, sacrificando para ello, sin pudor, los intereses de las arcas del Estado y el prestigio de la Justicia patria.

Fiscal Manuel Maza

La doctrina Botín, tras su aplicación “ad hoc” a Emilio Botín, no ha vuelto a ser aplicada más ni al expresidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, ni a la Infanta Cristina, ni recientemente a los acusados del caso Bankia.

Todo esto pone en evidencia la enésima compra de voluntades del gobierno y magistrados de turno llevada a cabo por Emilio Botín y el Santander.

No podemos dejar de recordar el indulto de Alfredo Saenz Abad, expresidente de Banesto y ex consejero delegado del Santander, por el delito de estafa procesal, indulto que le fue concedido “in extremis” por José Luis Rodríguez Zapatero en el último consejo de ministros de su gobierno. Enésimo favor de un gobierno, en este caso del PSOE, al Santander y a Emilio Botín, junto con la adjudicación de Banesto, etc., o el más reciente del regalo del Banco Popular por 1€ protagonizado por el gobierno de Mariano Rajoy.

Ante la revelación de estas grabaciones que dejan al aire las conspiraciones del PSOE para salvar a Emilio Botín de la cárcel, Izquierda Unida ha solicitado la comparecencia urgente en el Congreso de María Teresa Fernández de la Vega que fue nombrada el pasado 18-7-2018 presidenta del Consejo de Estado, cargo del que debería dimitir inmediatamente para no dañar más a dicha institución.

Así las cosas, La Tribuna de España está en condiciones de aseverar que el PSOE recibió una “gratificación” de 12 millones de euros a cambio de que Emilio Botín no ingresara en prisión.”

Un artículo con información que se apoya -como otros muchos más ya- en las grabaciones realizadas y encontradas al ex Comisario Villarejo.

En un pasaje de la República de Platón, el filósofo Glaucón sostiene frente a Sócrates la tesis de que todos los humanos somos corrompibles, proclives a la corrupción. Todos sin excepción. Tanto los abiertamente corruptos como los que respetan las leyes, solo que estos últimos tienen miedo de ser descubiertos y castigados y por eso se abstienen de cometer las fechorías que desearían tanto como los otros. Para ilustrar su tesis, Glaucón cuenta la historia del anillo de Giges. (1)

Giges era un campesino que, en una de sus andanzas , descubre casualmente una tumba en la que, rodeado de muchos objetos, yace un cadáver que lleva un anillo. A Giges le gusta el anillo, lo toma y se lo pone y, al encontrarse luego con sus compañeros, se da cuenta de que, si lo hacía girar en una dirección, se volvía invisible. Sorprendido por esa capacidad, lo primero que se le ocurre es aprovecharla para cometer actos ilícitos, especialmente para apropiarse de lo que no es suyo, con la tranquilidad que le otorgaba no poder ser descubierto. Esto, dice Glaucón, es lo que haría cualquiera si tuviera un anillo así: sabiéndose invisible, daría rienda suelta a su codicia y tomaría lo que deseara, sin importar si fuese o no suyo. Lo harían tanto el corrupto como el que afirma no serlo, pues lo que nos define es la codicia, y lo único que frena nuestro impulso es no saber cómo ocultarlo ante los demás.

Sócrates se venía a oponer a esta tesis y sostenía que es posible, además de deseable, mirar las cosas al revés; es decir, imaginar que lo más valioso de la vida es cultivar un bien común, no promover la perfidia ni la envidia recíproca, sino más bien las ventajas o los valores de la convivencia solidaria. Nuestra vida moral, pensaba, debería estar destinada a convertirnos en mejores personas.

En este emblemático relato se halla sintetizada la interpretación filosófica de la conducta humana corrupta: sus motivaciones, sus presupuestos, sus consecuencias y también, las formas de combatirla.

Como veremos a continuación, a lo largo de la historia los filósofos no han hecho otra cosa que tratar de dar explicaciones al debate entre Sócrates y Glaucón sobre la conducta del hombre corrupto así ejemplificada.

Todo esto que venimos contando es como una demostración indirecta de la moraleja del anillo de Giges en nuestro caso español.

Desde hace varias décadas pareciera que el único medio eficaz para detectar la corrupción y castigarla era lograr que el ‘anillo’ no funcionase. Es decir, que de pronto se haga visible o audible -a través de un video o un audio- lo que estaban manteniendo oculto quienes tenían la confianza de sentirse impunes por creerse invisibles.

Es lo que está ocurriendo de manera recurrente con las informaciones que se van obteniendo del estudio de las millares de horas de grabaciones realizadas por el ex Comisario Villarejo. Hacen groseramente visible lo que hasta entonces permanecía oculto a los ojos, aunque fuese sospechado por muchos otros medios. Está ocurriendo, aunque todavía de una manera muy poco eficiente, con los audios que ponen al descubierto a los jueces corruptos que se movían a sus anchas imaginando que eran ‘invisibles’. Les invito a leer el artículo recientemente publicado por esta Asociación, titulado: “Corrupción: A ese Juez lo tengo untado”, que podrán encontrar pinchando aquí.

Ese anillo parece, además, infundir a sus portadores una confianza tal, que, aun viéndose descubiertos, creen que siempre es posible volver al estado de invisibilidad.

Pero volvamos a la filosofía de la corrupción.

Ya en Platón parecía concebirse en toda su complejidad el escenario que explica la tendencia humana a la corrupción y los medios que para combatirla. Glaucón decía que todos los seres humanos somos corruptos en potencia y que, si algunos no lo demuestran es solo por temor a ser descubiertos o, lo que es lo mismo, por temor al castigo que eso traería consigo. Pues bien, una larga tradición de la filosofía política ha seguido esa línea de argumentación y tratado de combatir la corrupción con el argumento del miedo o, para decirlo más sofisticadamente, con el del cálculo de conveniencia.

El mejor ejemplo de esa tendencia, y acaso el más relevante en la tradición liberal occidental, ha sido Thomas Hobbes, el británico que defendió con convicción la necesidad de un ‘contrato social’ que sirviera de fundamento al Estado de derecho. Firmar un contrato así equivale a aceptar, en acuerdo con todos, que pondremos un freno a nuestra codicia natural y que aceptaremos un sistema de reglas que nos permita satisfacer al menos una parte de esa codicia, pero con seguridad, pues contamos con las garantías del contrato. Hobbes no pensaba, como tampoco lo pensaba Glaucón, que los hombres seamos o podamos ser mejores; solo esperaba que seamos suficientemente astutos como para entender que por un cálculo de costo-beneficio lo que más nos conviene es acatar el pacto. Eso sí, no basta con la buena voluntad: falta la espada de la ley. Que exista un sistema policial y judicial que castigue a los infractores, vale decir, que imponga temor entre quienes sientan la tentación de incumplir las reglas del Estado de derecho.

Kant decía, por eso, que el invento del contrato social es tan genial y persuasivo (o disuasivo), que sería convincente hasta para “un pueblo de demonios”. Porque los demonios no serían tan tontos de arriesgar su vida por ambición, sabiendo que podrían ser descubiertos y terminar entonces en la cárcel. Hasta los demonios se persuadirían de que les es más conveniente acatar el Estado de derecho en lugar de desafiarlo. Pero, claro, se sobreentiende que los demonios son inteligentes, lo que no es necesariamente el caso de los corruptos que pueblan nuestra sociedad.

No obstante, vimos también que Sócrates tenía una idea más positiva de la naturaleza o de la vida humana y que se imaginaba, por eso, que es posible desear sinceramente el bien común o contribuir deliberadamente a la construcción de una sociedad mejor para todos. Esta vertiente de la concepción de la cultura ciudadana tiene también una larga tradición y promueve un modo distinto, opuesto, de entender y combatir la corrupción.

La figura y la obra de Rousseau es un buen ejemplo. En su caso, como en el de Sócrates, la codicia o la tentación de la corrupción son móviles primarios, mezquinos, propios de personas sin verdadero sentido ético, que no entienden las verdaderas razones por las que los seres humanos desean vivir, o por las que cultivan y valoran sus creaciones culturales, menos aún son capaces de comprender el gran beneficio que representaría para todos la práctica de la solidaridad. Por eso mismo, compartía con Platón la idea de que debería promoverse desde la infancia la educación en valores cívicos, y que ella tendría que producir un efecto de contagio en todas las instituciones y los organismos de la sociedad. Aquí radicaría el verdadero remedio contra la corrupción: no simplemente en el miedo, que está siempre al acecho de una oportunidad para delinquir, sino en el convencimiento o el compromiso personal de los ciudadanos con los valores de su comunidad.

Como en el relato del filósofo Glaucón, en la “República de Platón“, lo que conduce al hombre al delito es la ilusión de creerse invisible, de pensar que no lo van a descubrir. Algo que los audios de Villarejo parece que van a venir a lograr en cierta forma desenmascarar.

El caso de Kant es particularmente instructivo porque pensaba que las dos formas reseñadas de concebir y combatir la corrupción deberían coexistir y respaldarse recíprocamente.

Lo fatal para una sociedad sería que no solo no existiese una sólida conciencia moral ciudadana, sino que tampoco fuera eficaz la espada de la ley o, lo que equivale a lo mismo, que se corrompiera el Poder Judicial. Porque entonces mucha gente caería en la tentación de apoderarse del anillo de Giges y de dedicarse al saqueo de las instituciones o del Estado con la confianza de sentirse invisibles y ya sin miedo al castigo.

En circunstancias así, que son las que vive nuestro país, solo queda el recurso a la indignación ciudadana. Porque la indignación es un sentimiento moral: es una protesta ética vital contra el engaño y la traición de los políticos. Naturalmente, la indignación sola no es suficiente o, mejor dicho, ella debe poder traducirse en acciones constructivas o canalizarse por vías institucionales. Pero solo ella nos puede rescatar de la desesperanza y devolvernos algo de confianza en que podremos librarnos de las tentaciones del anillo de Giges. 

El dramaturgo español José de Cañizares ( 1676-1750 ) escribió una conocida comedia de magia en la que retomaba el tema del anillo de Giges. En la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, se puede leer dicho libro: goo.gl/a7C23A.

(1) Obtenido de un artículo de Don Miguel Giusti (https://elcomercio.pe/eldominical/actualidad/pensar-corrupcion-noticia-564833)

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